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¿Qué ninguno quede atrás? ¿Y los que se fueron?

Muchos estudiantes todavía abandonan la escuela cuando llegan a la adolescencia.

This article was originally published in The Notebook. In August 2020, The Notebook became Chalkbeat Philadelphia.

Las reformas impulsadas por exámenes que inspiró la ley NCLB están funcionando. Al menos esa fue la conclusión a la que llegó el entonces presidente de la SRC James Nevels en agosto, después de la publicación de los resultados más recientes del examen PSSA. Nevels le dijo a un grupo de principales “que las reformas básicas que esta SRC ha implantado verdaderamente se han solidificado y les han dado a los estudiantes y maestros las herramientas que necesitan para tener éxito”.

No estaba solo. Este veredicto fue secundado por funcionarios electos, escritores de editoriales, y muchos observadores de la situación educativa en la ciudad.

La evidencia que respalda este optimismo son los datos del PSSA. Desde el 2002, el número de estudiantes de Filadelfia que obtienen puntuaciones de competente y avanzado ha aumentado a un paso constante – desde 24 por ciento hasta 42 por ciento en lectura y de 19 por ciento a 45 por ciento en matemáticas. La continua presencia de estudiantes que obtienen puntuaciones de básico a deficiente sigue siendo un problema, pero los proponentes de la NCLB podrían alegar que la tendencia es a mejorar.

El problema con esto es que no se enfoca en por qué tenemos una incidencia tan alta y persistente de abandono escolar y por qué las puntuaciones de los estu-diantes se reducen drásticamente después de entrar en la escuela superior.

El elefante en la habitación

Apenas la mitad de los estudiantes de escuela superior de Filadelfia se gradúan a tiempo, y el número que se gradúa después de 6 años es casi 60 por ciento, de acuerdo con un estudio publicado el año pasado y realizado por Ruth Curran Neild y Robert Balfanz de la Johns Hopkins University. Las altas incidencias de abandono escolar en las escuelas superiores urbanas, tanto a nivel nacional como local, han sido un problema desde hace mucho tiempo. La NCLB ha tenido poco impacto en este fracaso tan crítico.

Aunque las reformas iniciadas por la SRC han mejorado la alfabetización y competencia en matemáticas en las escuelas elemen-tales, el cuadro al nivel de escuela superior no es tan alentador. El número de estudiantes en 11mo grado que obtienen puntuaciones de avanzado o competente ha aumentado, pero la mejoría ha sido modesta especialmente cuando se compara con los grados menores. Durante los últimos cinco años, el número de estudiantes de 11mo grado que obtuvieron puntuaciones de avanzado o competente ha aumentado solamente un 6 por ciento en lectura y 7 por ciento en matemáticas. Mientras tanto, no ha habido casi ningún progreso en el número de estudiantes de 11mo grado que obtuvieron puntuaciones por debajo de básico – todavía es casi la mitad de todos los estudiantes.

Los funcionarios del Distrito han presumido de aumentos en el número de escuelas superiores que están logrando el Progreso Anual Adecuado (AYP), pero como indicación de progreso esta cifra es mayormente engañosa. Tres cuartas partes de los estudiantes de escuela superior en Filadelfia están asistiendo a escuelas que no lograron el AYP, las cuales típicamente son escuelas superiores grandes con cu-rrículos extensos. Solamente 15 por ciento de los estudiantes asiste a escuelas donde la mayoría de ellos son competentes en lectura, y esas escuelas son ma-yormente escuelas de admisión especial y tipo magnet.

Los estudiantes que batallan para alcanzar aunque sea el nivel básico en 11mo grado son los mismos estudiantes que tuvimos como ejemplo de éxito cuando estaban en escuela elemental. Y muchos de los que tuvieron el desempeño más deficiente en la escuela elemental abandonan la escuela antes de llegar al 11mo grado, cuando se toma el examen.

¿Cuál es el problema?

Todos estamos de acuerdo en que el de-sempeño de las escuelas superiores no es el mejor, pero se puede alegar que el problema comienza mucho más temprano.

Hay muchísimas investigaciones en las que se documenta una reducción en el aprendizaje y desempeño de los estudiantes cuando llegan a la adolescencia. El revolucionario estudio sobre el abandono escolar de Neild/Balfanz encontró que ya en el octavo grado más de una tercera parte de todos los estudiantes tenía uno o más de los factores que los ponen en riesgo de abandonar la escuela – han recibido una nota final de F en matemáticas o inglés, o tienen un 20% o más de ausencias. La mayoría de los estudiantes que abandonan la escuela provienen de este grupo.

Estos datos son de antes del 2002, y desde entonces las puntuaciones del examen de intermedia han mejorado substancialmente. Sin embargo, todavía sigue habiendo un aumento significativo en las ausencias a medida que los estudiantes progresan de los grados elementales a los intermedios, un indicador clave del desinterés en la escuela.

El nivel más bajo de ausencias es en el 4to grado. Esa tasa aumenta en una tercera parte entrecuarto y octavo grado, y casi se duplica otra vez en noveno grado. Todavía hay muchos estudiantes que se desempeñan bien en los grados primarios y comienzan a perder interés y se atrasan en la intermedia, y manadas de ellos dejan de ir a la escuela cuando llegan a la escuela superior. Las estrategias actuales de reforma “impulsadas por datos” no han resuelto el problema adecuadamente.

En contraste, el entendimiento subyacente al movimiento en pro de las pequeñas escuelas – parecido al movimiento en pro de las escuelas intermedias durante la década de los 80 – es que los adolescentes tienen necesidades particulares, y que la educación tiene que tomarlas en cuenta. La juventud desea mayor independencia y más relevancia. Estas son las características de una escuela pequeña enfocada en el estudiante: un currículo que tenga co-nexiones fuertes con la vida real y con la resolución de problemas, un ambiente escolar que fomente la confianza y responsabilidad, y maestros y personal que participen activamente con sus estudiantes.

No es fácil crear el tipo de currículo y ambiente que resuelva el desinterés de los estudiantes que ahora se sienten fracasados, frustrados y aburridos en la escuela. Nunca se logrará como un programa añadido a una dieta estricta de preparación para tomar un examen.

En la era de Hornbeck, las escuelas de Filadelfia sintieron la motivación de crear pequeñas comunidades de aprendizaje (conocidas como SLCs) que se supone hubiesen incorporado estos valores de escuela pequeña. Como a menudo es el caso cuando algo se cambia desde arriba y no desde la base, esto ocurrió mayormente en forma y muy poco en substancia. Sin embargo, en mi escuela recibimos fondos de grants para crear pequeñas comunidades de aprendizaje viables y basadas en temas específicos. Yo fui parte de un equipo de cuatro personas que mantuvo los mismos estudiantes desde sexto hasta octavo grado y organizó la instrucción en base a temas. Nosotros vimos mejoría en la asistencia, el comportamiento y el interés por aprender de nuestros estudiantes.

Los maestros recuerdan ese periodo como nuestros “mejores años”. En lo que respecta a los estudiantes, no tengo datos que ofrecer. Pero hace un par de años me encontré con un estudiante que logró graduarse con éxito de la escuela superior y estaba encargándose de su familia. Después de los saludos de rigor, los ojos se le llenaron de lágrimas y me dijo que sus años en la escuela intermedia como parte de nuestro equipo habían sido los mejores de su vida. Cuando le pedí más detalles, dijo que se sintió valorado, apo-yado, y exitoso.

Demasiados de nuestros estudiantes, después de completar sus años primarios, se sienten desvalorados, sin respaldo y sin éxito – y así actúan. La lección aprendida es, en todo caso, algo en lo que pudieran meditar quienes cargan tabletas de notas y defienden la NCLB con datos numéricos.

Cuando nuestra escuela era una de un grupo de escuelas destinadas a ser reestructuradas en el 2002 como parte de la toma de control por parte del estado, nuestro equipo de liderato se reunió con el administrador de las escuelas reestructuradas. Yo le dije que habíamos hecho algunas cosas bien, como las SLCs, y que necesitábamos quedarnos con esas fortalezas. Él hizo un gesto con la mano, dijo que ya habíamos intentado “todo eso” y que ya era hora de seguir adelante.

Pues bien, hemos seguido adelante. Y aunque se han logrado algunas cosas buenas, hay poca evidencia de que un programa impulsado por exámenes y que pone tanto en riesgo va a cambiar el rumbo de nuestras escuelas superiores (o intermedias). Se necesitan muchas cosas, entre ellas una gran infusión de recursos. Pero también necesitamos fijarnos en las lecciones esenciales aprendidas de las exitosas escuelas pequeñas y las pequeñas comunidades de aprendizaje y hacerlas el enfoque central de la reforma escolar.

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