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Maestros ven el impacto de la presión por exámenes hasta en el preescola

Ya no es el Kinder de antes

This article was originally published in The Notebook. In August 2020, The Notebook became Chalkbeat Philadelphia.

La mayoría de nosotros tiene gratos recuerdos del Kinder. Había juguetes, meriendas y siestas, y todo el mundo se veía bastante tranquilo.

Pero ahora, con la presión generada por la ley Que Ningún Niño Quede Atrás (NCLB por sus siglas en inglés), los juguetes se están guardando cada vez más. La presión por mejorar el desempeño de los estudiantes ha hecho que el Kinder – y hasta el pre-Kinder – sean lugares de más estrés.

Aunque la meta principal sigue siendo preparar al estudiante para la escuela, el énfasis se ha movido a una instrucción más explícita de lectura y escritura. Mucho de lo que tradicionalmente se enseñaba en el primer grado ahora se está haciendo en el Kinder. Los exámenes de desempeño han llegado hasta el pre-Kinder, ya que ahora todos los niños en Head Start reciben un examen, llamado National Reporting System (Sistema Nacional de Informes), que evalúa vocabulario, reconocimiento de letras y destrezas tempranas de matemáticas.

Head Start – estándares y exámenes

Theresa Willer-Grinkewicz, maestra de Head Start y entrenadora académica que tiene dos décadas de experiencia en salones de clase de Filadelfia, opina que la llegada de estándares claros para la educación preescolar es un desarrollo necesario y positivo. “El currículo hace que los maestros se enfoquen en lo que los niños necesitan aprender”, dijo.

Pero Willer-Grinkewicz también ve en su implementación muchas prácticas que ella considera inapropiadas desde el punto de vista de desarrollo. Como ejemplo, nombra que se han eliminado los juegos de dramatización, se mantiene a los niños sentados en círculos por más de 45 minutos, y los maestros se están quejando de que los niños “hablan demasiado”.

Willer-Grinkewicz y muchos investigadores creen que los niños aprenden mediante participación activa con su ambiente, un proceso que incluye actividades físicas variadas, resolución de problemas, y negociar con otros niños y adultos.

Willer-Grinkewicz también opina igual que muchos críticos, quienes dudan que el National Reporting System hace una evaluación exacta del aprendizaje preescolar porque a esta edad hay demasiada fluctuación en el desarrollo. Los datos de este examen se usan para evaluar la efectividad de los programas Head Start.

Al hablar sobre su propia experiencia dando el examen, Willer-Grinkewics dice que los niños a menudo no prestan atención a la pregunta y se enfocan en otras cosas que le interesan.

“Se les puede enseñar un grupo de letras, por ejemplo, y preguntarle que cuál reconocen, y ellos preguntarán por qué otra letra no está ahí, o dirán que la letra C es la primera de su nombre aunque la C no esté en la lista”, explica ella.

Maestros enfrentan nuevas presiones

En una entrevista con las maestras de Kinder de la Escuela Julia de Burgos Hillary Oyer y Betsy Ortíz, junto con Liz Gómez, que ahora es maestra de primer grado y antes lo fue de Kinder, las tres describen cómo hasta en Kinder se está elevando el estándar para la enseñanza de lectura y escritura. Los estudiantes son regularmente evaluados para medir sus niveles de lectura y luego se agrupan según el resultado.

“El año pasado tuvimos que llevar a los niños al ‘Nivel C’ para el fin del año. Ahora los tenemos que llevar al ‘Nivel D’”, observa Ortíz.

Esta expectativa para los estudiantes de Kinder, que los maestros están recibiendo de los administradores, va más allá de los objetivos establecidos en el Currículo Base del Distrito Escolar, que pide que los estudiantes de Kinder están al Nivel B. De acýerdo con las maestras, moverse del Nivel C al Nivel D es un cambio grande. Un texto típico del Nivel C consiste de una ilustración y una oración con una o dos palabras de reconocimiento visual y una palabra que el estudiante tenga que descifrar usando estrategias de decodificación o la ilustración. El Nivel D incluye decodificación independiente y más palabras de reconocimiento visual, a la vez que introduce vocales, grupos de letras y combinaciones.

El ímpetu por incluir material más avanzado en Kinder se debe a los requisitos de primer grado. Los niños de primer grado tienen que lograr el Nivel J al finalizar el año, y esto incluye leer textos de varios párrafos.

“Prácticamente no hay manera de llegar al Nivel J si no están al D al terminar el Kinder”, dice Gómez, la maestra de primer grado. Según estos objetivos, el Currículo Básico de Kinder en realidad no es suficientemente riguroso, mantiene ella.

Estas maestras piensan que los estándares más ambiciosos de lectura y escritura para Kinder se pueden lograr para la mayoría de los estudiantes pero solamente si se resuelven otros asuntos como las ausencias, el tamaño de las clases, y que hay estudiantes que no fueron a pre-Kinder. Gómez añade que 60 por ciento de su última clase de Kinder logró el nivel requerido para el fin de año.

Esos niños que van a Kinder definitivamente están entrando al primer grado mejor preparados en lectura y escritura que antes (Gómez dijo que aproximadamente 10 por ciento de sus estudiantes de primer grado no habían ido al Kinder). Pero en el proceso el Kinder se ha convertido, tanto para los maestros como para los estudiantes, en un ambiente más parecido al de los grados mayores, con más estrés y quizás menos “momentos de enseñanza”.

“Los maestros sienten estrés porque se tienen que mantener enfocados en la tarea, mantenerse al día con el programa, y cumplir todas las exigencias del currículo”, dice Gómez, “por lo tanto, cuando los niños quieren explorar un tema más a fondo, hay que constantemente ponerle freno. Nunca hay tiempo para simplemente relajarse y dejar que sean niños y disfrutarlos”.

Ortíz añadió, “Los niños se frustran. Algunos se duermen. Ya no hay tiempo para la siesta”.

¿Nos tendremos que acostumbrar?

En el periódico Education Week, el escritor de educación Alfie Kohn describe cuántas personas se han resignado a aceptar los cambios causados por los exámenes: “Los expertos en desarrollo infantil están casi unanimemente de acuerdo en denunciar el uso de exámenes estandarizados en niños pequeños. Un principal en Iowa concedió que muchos maestros también consideran que es ‘una locura’ someter a niños de primer grado a un examen de cuatro horas y media. Sin embargo, añade, ‘Se van a tener que acostumbrar’”.

Otros, sin embargo, defienden el currículo tradicional que se basa en juegos con énfasis en la solución de problemas y en enseñar destrezas sociales como la mejor manera para preparar a los niños para una instrucción más formal y facilitar su desarrollo intelectual y emocional.

Este debate es uno que va a continuar a medida que la ley NCLB juega un papel en nuestras escuelas y salones de clase.

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